Se cumplieron todos los estándares de un partido de play-off. Nervios, imprecisiones, alternativas en el marcador y una locura en el último tercio del partido que convirtió el encuentro en un auténtico ir venir cuando ambos equipos se decidieron a apostar por un resultado que les favoreciera.
El primer tiempo fue el típico albinegro. Mucha posesión, pocas oportunidades y fallando esas pocas. Al contrario, como casi siempre ocurre, la efectividad de los andaluces les permitió llegar al descanso con ventaja (1-0) en el marcador.
Cambió el decorado en la reanudación. Los de Pablo Hernández salieron conscientes de que el empate final no valía y que por lo tanto necesitaban dos goles.
A ello se pusieron y lo consiguieron por mediación de Calatrava, quien sino, y Sienra.
Lo más difícil estaba hecho, ponerse por delante en el marcador en un campo tan complicado y ante un gran equipo como el Almería.
Pero los andaluces también eran conscientes de lo que estaba en juego y pronto fueron en busca de remediar una situación que se les había puesto tremendamente complicada.
Apareció el temido equipo albinegro, ese que juega al fútbol, que ataca como nadie pero que tiene serias dudas a la hora de defender cuando el contrario le aprieta.
Muñoz empató el encuentro a falta de 10 minutos para el tiempo reglamentario. Todo apuntaba a la prórroga cuando Dzodic, en el descuento, marcaba el 3-2 que dejaba fuera de la posibilidad de ascenso al Castellón.
Tuvo el Castellón alguna última oportunidad para volver a empatar pero el cronómetro fue implacable con el esfuerzo “orellut”.
Se terminó la temporada ante un equipo muy fuerte que ya había demostrado en la liga regular ser el mejor equipo en su campo.
La temporada que viene, sin duda, habrá que volver a intentarlo corrigiendo los pequeños errores de ésta y teniendo, como así parecer ser, un entrenador de garantías desde la primera jornada.
Nunca debe faltar la ilusión… pero esto es fútbol.

