- El equipo de investigación que encabeza el arqueólogo José Albelda estudia además otras muestras de madera que sitúan en el siglo XI, mediados del XII y comienzos del XIII. “Se trata de un descubrimiento que reconoce la existencia de construcciones en el entorno del castillo antes de la propia fortificación”
“La mejor forma de saber quiénes somos es saber quiénes fuimos”. Y en ello se ha empeñado el alcalde de la Villa de El Toro, José Arenes, quien desde hace años prorroga una investigación en el entorno de su castillo para conocer los orígenes de una fortificación que ahora Estados Unidos ha datado en el siglo XIII.
“Es un nuevo descubrimiento. Este castillo podría ser una de las fortificaciones cristianas más tempranas de su época, cuando se inició la Reconquista por esta zona del territorio, y se implantó una religión tras haber ganado terreno a los musulmanes que durante ocho siglos vivieron en España”.
José Arenes, alcalde de la Villa de El Toro, afirma que “todo conocimiento es sabiduría, nos ayuda a conocernos, a ser más tolerantes y nos hace más ricos culturalmente. Nos hace crecer como sociedad”.
En el caso “de nuestro pueblo, los trabajos que ha encabezado el equipo de investigación del arqueólogo José Albelda, al frente de Arqueocas, nos permiten tener un conocimiento más singular y concreto sobre nuestra historia como comunidad, como municipio”. “El carbono 14 que se ha empleado en un laboratorio de Miami, en Florida, para analizar las maderas halladas en los trabajos de restauración de los lienzos de la ermita de San Miguel nos han dado más luz sobre nuestros orígenes. Y eso siempre es una buena noticia”.
Las muestras analizadas
Cabe señalar que los elementos que se remitieron a Estados Unidos se corresponden con tres muestras remitidas al laboratorio.
La primera es de una aguja de tapial del lienzo sur del edificio principal del castillo. Los resultados reconocen que la madera fue cortada entre los años 1222 y 1284, pleno siglo XIII, cuando la conquista cristiana acababa de producirse. “Eso significa que este templo pudo ser de los primeros cristianos, ubicado en una villa fronteriza recién ganada a los musulmanes”, expone el primer edil.
La segunda de las muestras es parte de un dintel de aspillera, la abertura por la que se defendía el castillo desde su interior. Esta madera se sitúa entre los siglos XI y comienzos del XIII.
Por último, la tercera de las piezas se localizó en el muro oeste en unas condiciones muy precarias. La prueba reconoce que está fechada entre comienzos del XI y mediados del XII, y podría ser parte de una antigua espadaña o matacán.

