Artículo de opinión de Antonio García Besga
No soy juez, no soy ni tan siquiera un periodista especializado en investigaciones pero una vez más me veo en la obligación de leer cada día cosas que no me gustaría que hubieran ocurrido.
Sí, sí, también creo en la necesidad de aplicar la presunción de inocencia, pero cuando aquello que descubres o te descubren supera tu capacidad de comprensión y cuando los indicios de delincuencia son tan numerosos, serios y apoyados con pruebas documentales suficientes, no te queda mucha fe en el ser humano.
Más aún, cuando se sobrepasan líneas que nunca se deben cruzar.
La trama de corrupción a la que nos enfrentamos es un auténtico golpe de Estado. Suponemos que el objetivo final es implicar al poder judicial en la trama con amenazas y coacciones, tras haber dejado ya como algo completamente inútil y despreciado el poder jurídico que teóricamente representa a todos los españoles. Todo estudiado y planificado para la impunidad total de un poder ejecutivo al servicio de una sola persona y de un partido político al que han desprestigiado de tal manera que solo le quedan las siglas.
Sin separación de poderes en busca de la impunidad, que es lo que descaradamente se intenta, no hay democracia y todos sabemos lo que es lo contrario de libertad.
Esto es mucho más grave que todo aquello que se haya podido malversar, porque si te quitan tu libertad, tu capacidad de desarrollo personal y social y te roban el alma y la fe en tus semejantes, especialmente en aquellos que juraron protegerte, te han despojado de todo en lo que creías.
Nos queda el honor, al que también han atacado impunemente desde el mismísimo Ministerio de Interior y de la cúpula de mando político y castrense de la Guardia Civil.
La “Benemérita” es la máxima representante del honor y del cumplimiento de deber, por ello es la institución más admirada y respetada por los ciudadanos de bien.
Hasta esa línea han querido cruzar en las cloacas de un Gobierno que no merecemos.
Desprecio a la libertad y a la democracia y ataque a nuestro honor, dentro de esta actualidad indecente vivimos.
¡¡Ni perdonamos, ni olvidamos!! Lo hemos afirmado reiteradamente ante la sinrazón terrorista.
La misma actitud deberemos aplicar ante los socios cómplices que mantienen a la corrupción en el poder, son igual de culpables.

