Si no fuera por la tragedia que envuelve a muchas familias, por la ruina de muchos agricultores y por la desaparición de nuestro sector primario sería para pensar que todo lo que nos cuentan es una broma pesada.
Sí, me refiero a lo que nos cuentan porque nadie, absolutamente nadie, es una pena, es capaz de contar la verdad y de llamar a las cosas por su nombre.
Una vez más nos dedicamos, más bien se dedican los interesados, a buscar culpables cuando los tenemos delante de nuestras narices.
En un canal de RRSS muy conocido escuché ayer como un empresario relataba lo siguiente:
“Soy propietario de una empresa grande dedicada a las explotaciones forestales, una empresa fundada por mi abuelo, mantenida por mi padre y donde yo ya soy la tercera generación. Hace años, el Gobierno de la Comunidad de Madrid nos contrató para perimetrar, limpiar y acondicionar 86.000 hectáreas de monte y campo. Preparé varios equipos de trabajo con la maquinaria necesaria. Solo dos días trabajamos, el Ministerio de Medio Ambiente y los forestales nos pararon los trabajos por motivos supuestamente ecológicos. ¿Saben ustedes que hectáreas son a las que me refiero? Sí, las que se han quemado.”
¿Necesitan más explicaciones?
Nos toman en pelo como si fuéramos idiotas.
Solo piensen un poco y encontrarán los responsables
-Absurda Agenda 2030
-Ecologismo mal entendido
-Intereses políticos
-Plegarse al suicidio verde de Bruselas
-Defender Mercosur por encima de los intereses de nuestros agricultores
-Fomentar nuestra dependencia alimentaria de otros países
-Impedir a agricultores y ganaderos trabajar
-Recortar las competencias municipales para defender sus terrenos comunitarios
Todo en nombre de una inexistente emergencia climática. No tienen ni idea del comportamiento del sol, ignoran, no les interesa contarlo, que desde la edad media se han dado temperaturas superiores a las que padecemos actualmente y se refugian en el cambio climático de su ignorancia, ineficacia, terrorismo ecológico y su posible culpabilidad de homicidio provocado por su interés político, aparcando los derechos de los vecinos y aplastando a ganaderos y agricultores condenados a la ruina por mandato ecológico defendiendo los intereses ocultos de muchos partidos políticos, muchos parlamentarios europeos y nacionales y muchos gobiernos indecentes vendidos a intereses de países comunistas o de otros que pagan bien.
Solo los que viven del campo saben cómo conservarlo, no necesitan lecciones de nadie, solo necesitan que se aparten asesinos potenciales, ladrones con cargo político y ecologistas inútiles interesados.
El Estado solo tendría que darles medios, ellos saben perfectamente cómo hacerlo sorteando la indecente burocracia que les imponen y la mala fe de quien establece las normas.
Es muy simple: “Más cabras y menos cabrones”

