La guillotina y los políticos
Opinión

La guillotina y los políticos

Artículo de opinión de Luis Andrés Cisneros

Luis Andrés Cisneros · 22/09/2026

Una fecha histórica que marcó el futuro de lo que sería el mundo se produjo en Paris el 5 de mayo de 1789 dando paso a un período de terror y ejecuciones sumarísimas, acabando con los monarcas que gobernaban Francia en aquellas fechas, hasta que el golpe de Estado de Napoleón, en 1799, acabó con ella.

La guillotina se convirtió en la máquina de matar y por cuyas cuchillas pasaron infinidad de franceses, según los criterios legales imperantes en la época, con el beneplácito de los oligarcas que no dudaban en darse un baño de sangre multitudinario, deshaciéndose de cualquier rival.

A tal extremo llegó la borrachera de sangre y el sinsentido de los gobernantes que, en poco tiempo, empezaron a pasar por dicho aparato muchos de los que desencadenaron las primeras ejecuciones. O sea, que ningún francés, amigo o enemigo, estaba libre de pasar por la guillotina.

Con el tiempo, entrado ya el siglo XX, recordemos que la última ejecución por la guillotina se produjo en Francia en 1977, los políticos comprendieron que tenían que protegerse de poder ser pasados por el cadalso y fue entonces, cuando descubrieron los “Derechos Humanos” incluyendo la prohibición de la pena de muerte.

Si legislaban que, en favor del respeto a la vida, cualquier asesino, criminal, traidor o terrorista, tenía el derecho de preservar su existencia, tenían el blindaje de ser inmunes a ser ejecutados. ¡Eureka, lo encontramos!, exclamaron al unísono los oligarcas de todo el mundo. Poniendo como excusa el bien de la Humanidad, habían escapado de unas Leyes que les podían poner a los pies de los caballos.

Además, si tenemos en cuenta que son los políticos los que legislan, miel sobre hojuelas. A ver quién va a ser el idiota que haga Leyes que no protejan a los delincuentes y que no velen por el bienestar del malhechor. De ahí viene la sobreprotección a todos los que incumplen las Leyes en lugar de velar por las víctimas.

Pero fueron más allá, no podían dejar nada al azar. Podía haber fallos en el sistema o jueces que pidieran interpretar el texto de la Ley de una forma distinta a sus intereses. Entonces, se pusieron manos a la obra y encontraron la solución. Dejar en manos de los políticos la posibilidad de “Indultar o Amnistiar”.

En vista de este giro del guion, podría un político ser condenado a 400 años de cárcel, pero el gobierno de turno, aquejado de un grado superlativo de bondad y respeto a los Derechos Humanos, hacía uso de su amor al prójimo y dejaba a los condenados en la puñetera calle.

Su respeto por los delincuentes era opuesto a su dureza con las víctimas, es posible que se legisle en favor de los Derechos Humanos de los que delinquen, pero nadie tiene un ápice de respeto por la víctima. Es normal, un político siempre se verá como acusado, nunca como perjudicado.

No hay más que ver la cantidad de delitos que están llevando a cabo nuestros próceres de la Patria (perdón, no entienden el significado de esa palabra) y salvo muy contadas excepciones todos se van de rositas. Cosa que no pasaba en plena Revolución Francesa.

Si la invasión de Ceuta hubiera ocurrido sin las Leyes pro-delincuentes que tenemos, no les quepa la más mínima duda que empezando por Sánchez, siguiendo por Marlaska y continuando por la piara de traidores que están acabando con España, probablemente hubieran sentido la frialdad del hierro en sus cuellos.

No tenemos que olvidarnos que, a lo largo de la Historia, todos y cada uno de los traidores y delincuentes que han sido indultados o amnistiados, al cabo de poco tiempo repitieron sus delitos. Desde políticos hasta Reyes, todos han sido iguales, lo llevan en su ADN.

Mi apoyo, respeto y admiración a nuestros compatriotas ceutíes y a los españoles de bien.

Recuerden, no se fíen nunca de ningún político ni de ningún rey de dinastía francesa.

¡¡VIVA ESPAÑA!!     ¡¡ARRIBA ESPAÑA!!

 

Luis Andrés Cisneros