Eso al menos pretenden vendernos a diario, sobre todo en los medios bien pagados o subvencionados por los partidos políticos, no solo lo hace uno.
Pues bien, si lo que actualmente vivimos es “normalidad democrática” es para empezar a pensar seriamente que la democracia en simplemente una utopía o, que al menos la nuestra, la española, es una falacia.
Seguimos reescribiendo la historia a conveniencia de unos y otros sin asumir la más mínima responsabilidad de los errores cometidos por todos y cada uno de los “bandos”.
Los hijos y viudas de los asesinados por E.T.A. se ven obligados a cruzarse por la calle con los que mataron a sus padres o maridos.
Seguimos sin saber dónde está el dinero de los EREs de Andalucía y solamente cuatro “pringados” han pagado, y en pequeña dosis, por ello.
Muy poco, al menos nada definitivo y claro sabemos de Gürtel.
Destapado recientemente el “caso Montoro” sin que tampoco se hayan tomado decisiones trascendentales sobre el asunto.
La relación de los altos cargos del PSOE con la dictadura venezolana sigue sin aclararse, incluido el aterrizaje en Barajas de la asesina Delcy Rodrígez.
Entra dentro de la “normalidad democrática” que los dos últimos secretarios de organización del partido que gobierna estén uno en la cárcel, condenado a 25 años, y otro a punto de entrar si es que la normalidad democrática no ha contagiado a la justicia.
Es normal disponer de un Tribunal Constitucional destinado a modificar o echar para atrás las sentencias del Tribunal Supremo.
Es normal que el Gobierno pretenda disolver la división de poderes, cimiento de la democracia, intentando controlar bajo presión, incluso con amenazas, a fiscales y jueces.
El supuesto amaño de elecciones internas y generales parece que se acepta como normal, incluidas las futuras… ¿Será resignación democrática?
Que la familia de nuestro “primer ministro” esté imputada o condenada por corrupción, y que el propio partido en el Gobierno pueda llegar a ser imputado, incluso que el propio presidente pueda verse sentado en banquillo parece que forma parte de nuestro diario y cansino análisis político de la actualidad.
Que el territorio soberano español sea violado, invadido y atacado por un país extranjero enemigo, sin que el Gobierno y los altos mandos de nuestras Fuerzas Armadas, incluido su jefe supremo Felipe VI, muevan un solo dedo, no sé si es para resignarnos o para salir a la calle de una puñetera vez y conseguir prescindir de todos ellos, incluidos todos y cada uno de los miembros de la oposición, colaboradores necesarios, unos por “blanditos” y otros por traidores.
Eso sí, el mensaje ya está lanzado. Subirán las pensiones el 4,5%. ¿Qué más da que te suban la gasolina el 20%, la luz el 17%, el gas hasta el 40%, la cesta de la compra en el mismo porcentaje, mientras nos ofrecen servicios tercermundistas?
¿Qué más da que nuestros hijos no tengan formación ni futuro? ¿Qué más da que no puedan independizarse a no ser que se vayan a trabajar a otro país?
Alguien poco sospechosa, en el parlamento alemán, también se extrañó bastante de nuestra normalidad democrática, «Un país que castiga por pescar sin licencia, pero no por cruzar sus fronteras ilegalmente, es un país gobernado por idiotas».
Palabras de Alice Weidel, líder del partido político alemán Alternative für Deutschland (AfD).
De verdad que empiezo a dudar de la capacidad intelectual del pueblo español, puede que el tonto sea yo ante tanta mayoría “borreguil” pero creo que nuestra actual normalidad democrática es para salir a la calle y empezar a ampliar nuestros centros penitenciarios para adecuarlos a los nuevos pabellones destinados a los políticos.

