
Corría el año 1967 cuando el conjunto Los Pekenikes lanzaba al mercado uno de sus innumerables grandes éxitos, como fue el caso de “Embustero y bailarín”. Fue una época en la que las piezas instrumentales gozaban de las preferencias de los jóvenes de entonces.
Poco podían imaginarse los componentes de ese grupo madrileño que el título de su canción tendría una gran relevancia en pleno Siglo XXI y más concretamente en este 2026. Los dos epítetos del nombre que definía a su pieza se habían convertido, con el paso del tiempo en la definición de “político”.
Y faltaba añadirles otros adjetivos más, como ladrón, desalmado, traidor, asesino y podemos dejar abierta la imaginación a la gran cantidad de descripciones que adornan a la inmensa mayoría, por no decir todos, de los que se dedican a vivir a costa de los españoles.
Sólo hay que ver el deleznable espectáculo que muestran, día a día, los que dicen representar a la ciudadanía, pero que sólo representan a los más asquerosos instintos de la maldad humana. Los malvados más renombrados de la Historia Universal tenían más dignidad que estos desechos morales.
Si echamos la vista atrás y recordamos los embustes y mentiras que repiten sin parar los políticos que nos roban y se muestran insensibles a las muertes que ellos mismos han producido. Y si fijamos en nuestra retina los bailes alegres y risueños que se marcan ante las desgracias que ellos mismos han provocado, nos provocan el desprecio más grande.
Ante las desgracias que son capaces de provocar, no les preocupan ni los muertos, ni sus familias, ni el daño que le hacen a España, ni a las generaciones venideras, ni la inseguridad que sufren los habitantes de nuestras ciudades, ni que vendan nuestra Patria a cualquier indocumentado. Nada de nada.
La única preocupación es intentar engañar a los futuros votantes que introduzcan su papeleta en una urna con trampa o sin trampa, eso es lo de menos, su objetivo es robar a manos llenas sin importarles el daño que producen, ya que no tienen ni conciencia ni valores.
El dantesco espectáculo al que hemos asistido esta última semana, a raíz del choque de trenes en Urda, protagonizado por esa piara de políticos o delincuentes (empleen el sinónimo que más les apetezca), es digno de cualquier obra literaria de terror.
Nunca podíamos imaginar que seres, supuestamente humanos, pueden defender a capa y espada a individuos que, por negligencia y avaricia, han provocado la muerte de 115 personas sin pestañear y aplaudir a rabiar al principal responsable de la matanza.
Todos estos seres insensibles serían capaces de vender a su madre, a su padre y a toda su familia con tal de seguir viviendo a cuerpo de rey, sin tener ningún cargo de conciencia, cosa evidente, ya que carecen de conciencia, moral o valores.
Pero más preocupante es que. a pesar de todo este sinsentido hay gente que, con menos impulso cerebral que una piedra, siguen depositando su voto en la urna a los asesinos que les siguen engañando y despreciando. Pero claro, esto es la democracia que impulsa que todo lo malo sea posible.
Lo triste es que este sistema que nos atenaza nos conmina a no votar al mejor, sólo nos deja votar al menos malo. Como interpretaban Los Pekenikes: Embustero y bailarín, y mucho más
Recuerden. no se fíen nunca de ningún político ni de ningún rey de dinastía francesa.
¡¡VIVA ESPAÑA!! ¡¡ARRIBA ESPAÑA!!
Luis Andrés Cisneros

