Muerto el perro, se acabó la rabia
Opinión

Muerto el perro, se acabó la rabia

Artículo de opinión de Luis Andrés Cisneros

Luis Andrés Cisneros · 28/07/2026

Recurrir al refranero español es un ejercicio saludable y, como se diría en estos días, sostenible. Mientras nuestra querida España está siendo empujada al abismo de la destrucción, los políticos de turno están revolcándose en el estercolero que sus acciones delictivas traen consigo.

 

Incendio tras incendio España y sus gentes se mueren. Se muere el campo, los bosques, las personas, los animales, las casas menos las de los políticos, las ilusiones, los valores, la Historia, los logros de siglos, el futuro, todo menos una jauría de animales depredadores llamados políticos.

 

En la foto que ilustra este artículo de opinión podemos verlos a todos ellos en la selva donde se reúnen para dar rienda suelta a sus más bajos instintos. Los hay de pelaje, tamaño y morfología distinta, pero todos aquejados, no hay más que ver sus aquelarres diarios, del virus de la rabia.

 

Volviendo al inicio del artículo, recurramos al refrán “Muerto el perro, se acabó la rabia”, que alude a la eliminación del factor que produce el problema, con lo cual, si acabamos con el perro, es innegable que la propagación de la enfermedad se cortará de raíz.

 

Esta forma de actuar es primordial en la medicina ya que el médico suele proceder a la extirpación del foco causante del problema para salvar la vida del paciente. Por eso, es imprescindible averiguar quién es el causante del mal para atajar de raíz su propagación.

 

Todos y cada uno de los que acuden a ese zoológico de políticos portadores de la rabia y el odio, además de una insaciable gula por el dinero ajeno, son los causantes de todos los males que aquejan a la que, antiguamente, era el faro de la civilización. Ya tenemos el origen del problema, ahora hay que extirparlo.

 

Por lo tanto, lo tenemos claro, si los responsables del genocidio galopante que llevan a cabo los beneficiarios de la Constitución del 78 son los cabezas de los partidos políticos y sus lacayos, no tenemos más que una solución: acabar con el problema de raíz.

 

¿Usted dejaría a sus hijos, a su nieto o a su familia al cuidado de un político rabioso? Pues no tiene nada más que mirar a su alrededor y ver cualquier actuación de uno de ellos y podrá ver como por su boca no salen palabras, salen espumas del virus de la rabia.

 

Ninguna solución a nada, ningún atisbo de humanidad en sus actuaciones, ni un ápice de raciocinio en sus decisiones, sólo cerrazón ciega en sus intereses personales. En los albores de la Humanidad, cualquier habitante de las cavernas era más fiable que estos desalmados.

 

Una manada de hienas sentiría miedo al asistir a una sesión parlamentaria, huirían despavoridos, no encontrarían ningún sitio para refugiarse. Ya que estarían acosados por los miles de asesores, sindicalistas, activistas y descerebrados que forman parte de su corte de aduladores.

 

Hay que empezar a plantearse muy seriamente cómo hacer desaparecer a esos que dicen trabajar para el pueblo. En primer lugar, prohibir tajantemente que puedan manejar ni un Euro del dinero que roban, vía impuestos, a los oprimidos ciudadanos españoles.

 

En segundo lugar, reducir en un 50% los emolumentos que perciben, así como prohibición bajo pena de cárcel, el envío de dinero a cooperación exterior y a pagar subvenciones como el Salario Mínimo Vital o manutención de ilegales, independientemente de su edad.

 

La siguiente medida sería ilegalizar todos los partidos políticos o, en su defecto, establecer sanciones económicas a todos aquellos miembros o afiliados de partidos que, con sus votos tomen decisiones que traigan consigo las pérdidas pecuniarias del Estado.

 

Si tomamos como ejemplo los incendios actuales. Todos los políticos que hubieran votado la aprobación de las leyes que han traído este caos desde las de los campos, los bosques o impedir el mantenimiento de los medios para evitar los incendios, deberían responder con sus medios privados resarcir lo perdido.

 

Pero lo más sencillo sería aplicar a rajatabla el refrán de este artículo: “Muerto el perro se acabó la rabia”. Y recuerde, “no se fie nunca de ningún político”.

 

¡¡VIVA ESPAÑA!!     ¡¡ARRIBA ESPAÑA!!

Luis Andrés Cisneros